FESTIN DE LUTO

El terrorismo es un fenómeno lejos de ser nuevo y controversial. hoy en día se ha puesto de moda, las bombas que arman festín de luto, los secuestros masivos vacacionales o tal vez eternamente en otra vida por parte de grupos armados, y las minas quiebra patas que quitan la ilusión de un niño y ser humano con ganas de vivir.

Bienvenido al mundo del terrorismo colombiano, que efectivamente refleja según las estadísticas consolidadas por el ministerio de defensa, 709 acciones terroristas en nuestro país, al igual, las cifras de violencia publicadas por el departamento nacional de planeación distrital, muestran que el 32.6% de las autorías de los atentados registrados entre enero y septiembre de este año, están sin establecer.

Ciudades y cientos de departamentos han sido victimas de diversas formas de terrorismo, entre esas ciudades se encuentra la ciudad de Neiva, una ciudad ubicada en el sur del país. Uno de los grandes impactos terroristas que ha sufrido esta ciudad y que intimido a los ciudadanos, fue cuando pusieron la bomba en el barrio villa Magdalena hace ya cuatro años, que hoy por hoy se recuerda cada año con gran dolor.

Andersson Serrato, vivía en la calle 27, cerca al parque, ese día, era muy especial para los ciudadanos porque el presidente Álvaro Uribe llegaba a Neiva, pero para Andersson era el día mas feliz en el colegio, ya que izaría por primera vez la bandera, por su comportamiento, que frecuentemente no era aceptable.

Siendo las cinco de la mañana, mientras Andersson se bañaba, su madre Griselda, preparaba el desayuno y Toño, su padre, se alistaba para repartir las arepas a las diferentes tiendas de la ciudad. Faltando diez minutos para las seis de la mañana, Andersson iría donde su vecino a recoger un libro muy importante para ese día. Cuando se dirigía hacia la puerta, y de pronto... ¡impacto!, todos los vidrios de las ventanas se rompieron al son de una bomba que afecto una parte Villa Magdalena.

Ambulancias, personas gritando desesperadamente, se escuchaban en este valle de lagrimas, Andersson con su padres salieron a ver que estaba ocurriendo, y viendo que estaba pasando, se dirigieron al epicentro del atentado, pero mientras caminaban, era impresionante ver como las cabezas de sus propios vecinos, y diferentes partes del cuerpo, caían en los techos de las casas y rodaban por las calles con escombros. Ante esta situación el hijo y su padre quedaron pasmados, sin embargo, ayudaron a las personas heridas que se encontraban en el barrio. Andersson perdió su día de clases y la izada de bandera, por ayudar a los demás, ahora los muertos vivientes, victimas del terrorismo, siguen andando por la ciudad, y este opaco recuerdo se esclarece recordando hechos ocurridos, como el masivo asesinato de concejales en Rivera, el secuestro en Mira flores, la bomba puesta en Ipanema, entre otros hechos, que reavivan la cruel realidad camuflada de la violencia y el terrorismo.

A las 12 del día Griselda no sirvió el almuerzo como comúnmente lo hacia, porque su recuerdo recaía en el dolor y la muerte que presenciaron su esposo e hijo, solo cabía la duda del porque querían atentar en contra del presidente, el cual para ella nunca se ha resuelto. Ahora, en las noches, Andersson no duerme igual. sonámbulo recuerda la fuerte pesadilla vivida el pasado 14 de Febrero de 2003, que hoy todavía se sigue recordando como una consecuencia mas de la problemática vivida con el terrorismo en Colombia.

eras
edna angel