CODIGO DE UN SEPULTURERO

Dicen que somos hechos del polvo y que así como somos hechos, en nuestra muerte, polvo nos volveremos a convertir. Cuestión de dos mundos que van en cada creencia de las personas, y que a diario intentan descifrar los operarios de un cementerio… en especial los sepultureros.

Héctor Julio Alarcón, un hombre de 50 años, sepulturero que trabaja en el cementerio central de Bogota, diariamente lidia con los muertos y con su código imprescindible, que intenta resolver… una combinación de vida, muerte, tierra y huesos. Desde hace seis años, porta un uniforme azul, zapatos negros, casco amarillo,y un carné que lo identifica como operario del cementerio, supervisado por la alcaldía de Bogota, la corporación candelaria, y la unidad ejecutiva y supervisora de los cementerios. Su oficio, estar pendiente de las propiedades privadas de distintas familias, y de enterrar a los muertos, hace que su trabajo, tal vez, sea uno de los mas complicados para muchos, por el temor a los espíritus y a las confrontación de la muerte.

Sin embrago, para el, los muertos ya están muertos, y a los que hay que tenerles miedo es a los vivos, aunque no lo niega, dice que el espíritu de una persona dura en el cuerpo 72 horas, por lo tanto, existen los espíritus, mas no les tiene miedo.

La administración del cementerio decide que nuecero de bóveda debe tapar y a quien debe enterrar, pero como toda persona se pregunta si existen o no cosas que asustan en un cementerio, para el, la cuestión del miedo viene de la imaginación de una persona, es por eso, que el, al enterrar el cuerpo de alguien o al exhumarlo, ya no hay mitos ni creencias que valgan, es la valentía la que sale siempre a la luz, conciente de que así como el entierra a muchos, algun día volverá a la tierra para descansar.

Su trabajo no lo escogió, simplemente, la falta de posibilidades de trabajar en otras cosas, son escasas, “ el trabajo depende de mi posición y d ela situación del momento”, así lo dijo, teniendo una posición neutra frente a lo que hace, pero de ninguna manera le desagrada.
En general, ni el ni sus compañeros de trabajo, temen a los supuestos mitos de que los muertos aun vive, pero para el lo sorprendente es la maldad de los hombres frente a los que ya les llego la hora de descansar.

Para Héctor, la muerte va muy ligada a la brujería, y en sus trabajos de exhumación, que anteriormente las bóvedas las dejaban abiertas, se encontraban casas bastantes interesantes, pero también de mal gusto, que iban muy de la mano con la magia negra. Crucifijos, ropa interior de mujer, condones con semen, fotos con alfileres, muñecos en cera amarrados con otro muñeco, si causan “ susto” para nuestro sepulturero, que de una forma u otra cree que los vivos hacen daño pero que si lo hacen se les devuelve todo y por ética de cualquier operario, la norma general, es quemar esas cosas que se encuentran.

Un código mas allá de la muerte, que hace que se aferre mas a Dios por lo que se vive, por lo que dicen y por lo que hacen, sin miedo a nada y nadie. Un osado, acompañado por su pala, su única magia junto a la tierra, que camina de un lado a otro extremo del cementerio, en busca a quien enterrar, con un solo objetivo, suplir las necesidades de su familia y nunca perdiendo la esperanza de que habrá un mejor trabajo por desempeñar.

Este es el código de un sepulturero de a diario convive con la muerte y espera vivir un poco mas siempre con su oficio, como orgullo y honra de un privilegio misterioso que no todo el mundo puede hacer.

EDNA ANGEL